chile estrella antares

La gigante roja más cercana a la Tierra, Antares, que se sitúa a 555 años luz de distancia en la constelación del Escorpión, tiene ahora un mapa. Este plano, fruto del trabajo de un equipo internacional de astrónomos, tiene poco que ver con un mapa geográfico, sino muestra a qué distancia del centro se encuentra cada capa de su atmósfera.

Se logra mapear por primera vez la atmósfera de una estrella que no es el sol

Según comunicó el 16 de junio el Observatorio Nacional de Radioastronomía de EE.UU. (NRAO, por sus siglas en inglés), esta representación de la estrella se hizo posible debido a los minuciosos datos que habían recabado dos telescopios de la Fundación Nacional de Ciencia de EE.UU. instalados en el desierto de Atacama, Chile (ALMA) y las llanuras de San Agustín, en el estado de Nuevo México (Very Large Array, VLA).

Antares es una estrella enorme y relativamente fría y los astrónomos estiman que está llegando al final de su vida. El telescopio ALMA la observó de cerca su fotosfera óptica (la capa que le da el contorno visible) en longitudes de onda bastante cortas. A su vez, las longitudes de onda más largas, registradas por el VLA dejan una impresión muy diferente de este objeto celeste y ponen al descubierto su atmósfera.

En la luz visible Antares parece tener un diámetro aproximadamente 700 veces más grande que el Sol, mientras que en ondas de radio, con la atmósfera incluida, se reveló que se trata de un supergigante aún más grande.

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“El tamaño de una estrella puede variar drásticamente en función de la longitud de ondas a la que se observa”, explicó Eamon O’Gorman, del Instituto de Estudios Avanzados de Dublín (Irlanda). El estudio, publicado el 16 de junio en la revista Astronomy & Astrophysics, demostró que en las longitudes de onda observadas por el VLA la atmósfera de la supergigante mide casi 12 veces su radio.

La diferencia, según O’Gorman, “se debe a que nuestras mediciones de radio son sensibles a la mayor parte del gas y el plasma de la atmósfera de la estrella, mientras que las observaciones ópticas y ultravioletas realizadas anteriormente eran sensibles únicamente al plasma y al gas muy calientes”. Las mediciones anteriores, afirmó, no tenían en cuenta que “la cromosfera es más bien tibia en términos de temperaturas estelares”.

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El coautor del estudio Keiichi Ohnaka, de la Universidad Católica del Norte (Chile), comparó las capas de la atmósfera estelar con “una pintura hecha de muchos puntos de colores que representan distintas temperaturas”. En este cuadro, la mayor parte representa “puntos de gas tibio que los radiotelescopios no pueden detectar, pero también hay puntos fríos que solo los telescopios infrarrojos ven y puntos calientes que solo son captados por los telescopios ultravioletas”.

El ‘mapeo’ se hizo posible debido a los avances tecnológicos en materia de interferometría y por el momento es el más detallado que se ha obtenido de una estrella que no sea el Sol.

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