sequía extrema para la tierra

Greenpeace avisó este miércoles de que los bosques del planeta pueden sufrir este verano otra posible crisis global de incendios forestales como la del año pasado, cuando el fuego afectó a millones de hectáreas en varios países de la cuenca amazónica, Siberia oriental, África o Indonesia, lo que provocó la preocupación de la ciudadanía, gobiernos e instituciones internacionales.

Según un informe de Greenpeace sobre el impacto de los incendios forestales en el cambio climático, algunos países no supervisan ni informan adecuadamente de las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por las llamas. Los fuegos contribuyen al calentamiento global y no ayudan a cumplir el objetivo recogido en el Acuerdo de París de que el planeta no se caliente 1,5ºC más respecto a la época preindustrial.

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Greenpeace apuntó que la llegada de la temporada seca en la región amazónica de Brasil está históricamente asociada a la temporada de ‘queimadas’, cuando empresas y colonos hacen uso del fuego para eliminar el bosque y dar paso a la agricultura, fundamentalmente pastos para ganado y cultivos de soja. En la Amazonia brasileña, entre el 1 de enero y el 30 de junio, los satélites registraron 7.903 incendios, 914 de los cuales afectaron a tierras indígenas (11,5%) y 194 afectaron a espacios protegidos (2,4%).

Uno de los grandes enemigos de la Amazonia hasta el momento es el aceite de palma que genera de-forestaciones extremas, tan solo durante la pandemia mientras todos los medios internacionales estaban distraídos, el 10% de la amazonia brasileña fue consumida.

«En Brasil, los datos referidos al mes de junio y el número de focos de calor detectados por los satélites de seguimiento, auguran otro verano crítico que nos devuelve el sentimiento de vivir bajo una emergencia climática, donde las medidas tomadas por gobiernos y corporaciones son claramente insuficientes”, apuntó Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

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En Rusia, la temporada de incendios de verano también ha comenzado con el aumento de la superficie afectada. A principios de julio ya se habían quemado 3,3 millones de hectáreas en lo que va de año, lo que ha afectado a áreas remotas del Lejano Oriente ruso y el noreste de Siberia. El origen de este fenómeno fue una ola de calor que afectó en junio a la mayor parte del Ártico; el día 20 de ese mes, el termómetro marcó 37ºC en Verkhoyansk, una de las ciudades más frías de la Tierra.

La cantidad de incendios en todo Rusia es una de las mas extremas de los últimos años.

En Indonesia, tras identificarse más de 700 incendios forestales, el gobierno de la provincia de Kalimantan declaró la semana pasada el estado de emergencia, situación que durará hasta finales de septiembre. Este país es el mayor productor mundial de aceite de palma; los incendios están vinculados cada año a las prácticas de tala y quema utilizadas para despejar las zonas de cultivo de aceite de palma.

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Los incendios que padece Indonesia amenazan a la fauna y flora de la isla de Borneo, una de las regiones más ricas en biodiversidad del planeta y en la que habitan orangutanes, rinocerontes de Sumatra y elefantes asiáticos.

ESPAÑA

Por otro lado, Greenpeace alertó la semana pasada que el abandono del medio rural en España aumenta la vulnerabilidad de los montes ante los incendios de alta intensidad. “España es el segundo país con más superficie forestal de la UE. El abandono de tierras de cultivo y la falta de gestión de muchas masas forestales ha derivado en un paisaje altamente inflamable. En un contexto de cambio climático, si ese paisaje no lo gestionamos, lo hará el fuego de manera devastadora», comentó Mónica Parrilla, responsable de incendios en Greenpeace España.

El abandono del medio rural incrementa la vulnerabilidad ante los incendios de alta intensidad en España y en el marco de la actual emergencia climática, según destaca Greenpeace en un informe dado a conocer este miércoles, en el que advierte de que los fuegos son «un problema de seguridad nacional» que debe abordarse desde el fortalecimiento del ámbito rural.

“Todo apunta a que este verano vamos a constatar nuevamente que nuestra casa se quema. No sólo está más caliente, se quema. Los bosques, que deberían estar actuando como sumideros de carbono y mitigando el cambio climático, están ardiendo y emitiendo así grandes cantidades de gases de efecto invernadero, alejándonos todavía más del objetivo del Acuerdo de París, de evitar que la temperatura del planeta aumente por encima de 1,5ºC», concluyó Soto.

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