EL MUNDO NO PARA DE QUEMARSE, VIVE SEQUÍAS INTENSAS NOS AUTO DESTRUIMOS

EL MUNDO SIGUE EN LLAMAS

las quemas descontroladas, la deforestación y los intereses de las grandes industrias agroalimentarias están detrás de los incendios más virulentos de los últimos años en todo el planeta, desde el Amazonas hasta Europa y África

El mundo está en llamas y durante las últimas semanas todas las miradas han estado puestas en la Amazonía, donde la superficie quemada en agosto, cuando se registraron 30.901 focos de incendio, cuadruplica a la del mismo mes de 2018.

El mes pasado se quemó el equivalente a 4,2 millones de campos de fútbol, un total de 29.944 km², según las cifras del Instituto de Investigaciones Espaciales brasileño (INPE). Pero no se trata solo de la selva amazónica, sino de muchos de los otros ecosistemas asociados a la misma, como destaca Daniel Aristizábal, miembro del Amazon Conservation Team. “Hemos visto entre todos los países 800.000 focos de calor, de los cuales medio millón de incendios se han generado en Brasil”. Pero lo más preocupante, insiste, es que las predicciones de calor, sequía y viento para septiembre se están cumpliendo, lo que hace predecir el mismo nivel de incendios que en agosto en el considerado “pulmón” del planeta.

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Aristizábal recuerda que todos los años ocurren estos incendios “en pequeñas escalas y muy dispersos que son parte de la villa a los pueblos indígenas, pero el problema cuando eso se confabula con los intereses empresariales y productivos” y respecto a esto, “el volumen y magnitud de los incendios no es normal”, asegura. Se trata de los peores datos registrados desde 2010, con “un daño tan grande que es muy difícil que el bosque se recupere”.

La polémica se ha avivado porque el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, está ligado a las empresas que tienen intereses en esas tierras. “La franja sur de la Amazonia se ha perfilado con un modelo económico agroindustrial”, explica el experto. Además, como el suelo amazónico es poco productivo, hay que tumbar mucho bosque para sembrar los cultivos de césped y soja para el ganado. “Esto es un modelo de producción a gran escala que no se corresponde a los modelos de producción ecológicos que requiere la Amazonía”. Una parte importante de la riqueza de Brasil depende de la industria agroalimentaria y el partido social liberal de Bolsonaro ha alimentado la necesidad de romper la frontera amazónica para seguir produciendo, critica Aristizábal.

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Mónica Parrilla, de Greenpeace, está de acuerdo en la relación directa del incremento de los incendios en la amazonia en este último año con el gobierno de Bolsonaro, que ha “desprotegido de forma alarmante el bosque primario del planeta”. Con sus políticas anti ambientalistas, se incrementado un 140% la tasa de deforestación en la amazonia y ha caído drásticamente toda la vigilancia y las multas a las quemas y a la destrucción del bosque.

Para Daniel Aristazábal, lo que es más grave que los propios incendios y el impacto de los gases emitidos en el cambio climático es la deforestación. “La mayoría de estos incendios empiezan en zonas que fueron deforestadas, y la magnitud hectáreas deforestadas es mucho más grande que la de hectáreas quemadas, porque las personas tumban el bosque y es muy costoso retirar los troncos y palos, entonces esperan a la temporada seca y le prenden fuego”. El calor, el viento y el poco control estatal, que se ha reducido en un 30%, ha hecho que los incendios se descontrolen.

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Para los agricultores la quema de rastrojos es una técnica tradicional para conservar sus tierras. “Hay gente que cultiva en pequeña escala y de hecho eso rejuvenece el bosque y favorece la biodiversidad, el problema llega cuando son a gran escala, no hay un ecosistema que sobreviva al fuego y se arrasa todo lo que la biodiversidad y los nutrientes del suelo obligando a hacer nuevas quemas”, asegura el miembro del Amazon Conservation Team. Por eso, destaca que la culpa es de los grandes conglomerados empresariales, ya que “el modelo que se plantea en la Amazonía solo es rentable si se hace a gran escala”.

El daño de este desastre ambiental es enorme para todo el planeta. Desde la calidad del aire a la calidad del agua. “Con la lluvia, los nutrientes que el Amazonas produce desde los Andes y la Amazonia llegan a los mares y eso alimenta los microorganismos que también alimentan los peces que todos consumimos y alimenta microorganismos que producen oxígeno para todo el planeta tierra”, explica Aristizábal. Además, se está perdiendo la biodiversidad y la reserva de medicinas, alimentos, madera y animales, e incluso culturas milenarias y modos de vida de los pueblos indígenas, en los que hay entre uno y tres millones de personas que dependen del bosque para su subsistencia.

El abandono de los bosques intensifica la virulencia de los incendios en Europa

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El fuego no sólo está quemando la amazonia sino también otros puntos del planeta. En España y la zona mediterránea ha habido grandes incendios forestales. Entre ellos, una gran oleada de fuegos en febrero y marzo en Cantabria y en verano en Gran Canaria en un año especialmente caluroso con unos picos de récord de temperaturas en julio y unos niveles de sequía un cercanos a los de 2017. Desde Greenpeace, Mónica Parrilla reclama que se declare la emergencia por sequía porque “condiciona clarísimamente nuestros bosques y los hace más vulnerables a los grandes incendios forestales”.

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Parrilla explica que los incendios son más virulentos ahora. Por ejemplo, en 2017 el 65% de incendios quedaban en fase de conatos, es decir, en menos de una hectárea quemada, lo que indica que los operativos son exitosos, sin embargo, “cada vez más pocos incendios son responsables de una mayor superficie quemada”.

El abandono de los bosques es clave en la intensificación de los incendios. “Nuestros bosques tienen unos problemas estructurales de base desde hace décadas. El éxodo rural con el que se abandonan los pueblos y por tanto se abandonan los cultivos, la ganadería tradicional, el pastoreo, y se produce un aumento de los matorrales. A esto se añade también las políticas propias de supresión del fuego y por otro lado las políticas de repoblación que carecen de una posterior gestión, con lo cual hay una falta de gestión forestal que lo que hace es que tengamos un paisaje continuado y además en un contexto del cambio climático con olas de calor cada vez más prolongadas y frecuentes y con una acequia que hace que nuestros bosques sean un auténtico polvorín”, explica Mónica. A todo esto, se suma la planificación urbanística que no ha tenido en cuenta las zonas de alto riesgo de incendio forestal, “con cual cuando llega un incendio el operativo de extinción tiene tres prioridades: la primera es la salvaguarda de la población, la segunda los bienes y por último el bosque”.

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Tras un incendio, surgen muchas iniciativas de repoblación, pero Parrilla cree que lo más importante es “dar un espacio al bosque para ver cuál es su capacidad de regeneración natural y sobre todo como medida urgente hacer medidas para el control de la erosión del suelo y de las cenizas” para evitar que contaminen el agua. Después de un incendio, la fuerte lluvia tampoco es favorable, “obliga a tomar medidas urgentes para asegurar que las cenizas no vayan a cursos de agua, los contaminen y afectan la fauna acuática”, además de erosionar las laderas y el suelo por las fuertes corrientes. 

El fuego se ve desde el espacio en África

Los satélites de la Nasa han demostrado que, pese a la alarma desatada por los fuegos en la región amazónica, en África se ha producido una actividad de incendios mucho mayor que se observa desde Angola hasta Mozambique. De hecho, en el mes de agosto el número de alertas por incendio en la República Democrática del Congo ha sido superior al de Brasil, según los datos de Global Forest Watch

Desde Dakar, el periodista Pepe Naranjo nos asegura que los incendios en África se generan a partir de quemas de campesinos. “Es algo que ocurre todos los años. Son incendios provocados por los propios agricultores, sobre todo por los que no tienen recursos para limpiar sus tierras de otra manera, que prenden fuego al campo, a las zonas de matorrales para generar que la siguiente cosecha sea más fructífera”. Una práctica que también se ha llevado a cabo en España a lo largo de los años. El fuego “puede ser un aliado para las comunidades”, el problema viene cuando la quema se descontrola.

Los incendios que se descontrolan son alrededor de un 10%. Pero han quemado vastos terrenos en Angola, República Democrática del Congo, Zambia, Mozambique y Madagascar. “Afectan a la segunda masa forestal del planeta después del Amazonas, y desgraciadamente se ha perdido un amplio porcentaje de la masa forestal de la zona del Congo en los últimos quince años”, lamenta Naranjo.

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La culpa es fundamentalmente de la tala incontrolada, detrás de la que hay intereses de las grandes empresas a las que se les permite cortar árboles. “Muchas son empresas chinas”, cuenta el periodista. En Mali, Guinea Conackry o Guinea Bissau o Mozambique es donde más se está dando esta práctica de tala, asegura. “Suele coincidir con países donde los Estados son más débiles, donde dependen más de este tipo de contratos y se generan negocios sin control, ilícitos”. La pobreza y dependencia de esos recursos dificultan la preocupación por el medio ambiente en estos países.

La grave destrucción en Siberia e Indonesia

En Siberia también han ardido más de cinco millones de hectáreas. La experta en incendios de Greenpeace alerta de la gravedad de los fuegos que se originan en latitudes tan altas porque “el humo que se genera es una especie de hollín que se traslada con el viento hacia el Ártico y esto acelera la fusión del hielo incrementando el cambio climático”.

El daño de este desastre ambiental es enorme para todo el planeta. Desde la calidad del aire a la calidad del agua. “Con la lluvia, los nutrientes que el Amazonas produce desde los Andes y la Amazonia llegan a los mares y eso alimenta los microorganismos que también alimentan los peces que todos consumimos y alimenta microorganismos que producen oxígeno para todo el planeta tierra”

Los “bosques del paraíso” de Indonesia tienen una tasa de deforestación del 72%. Son bosques con una enorme riqueza biológica, “primarios y emblemáticos para todo el funcionamiento global”, asegura Mónica Parrilla, que han sufrido grandes incendios “en un proceso de cadena de deforestación en el que primero se sacan las maderas preciosas y luego se drenan las turberas y se queman”, de este modo se preparan para los cultivos de aceite de palma o de acacias y eucalipto.

Greenpeace denuncia que las grandes marcas internacionales se benefician del negocio de los incendios y movilizan la destrucción.

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