Nueva York— El presidente Donald Trump retiró las regulaciones ambientales, sacó a Estados Unidos del acuerdo climático de París, puso de lado pronósticos sobre los efectos del cambio climático y convirtió el término “calentamiento global” en un chiste en lugar de un pronóstico.

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Ahora, después de dos años de desentrañar las políticas de sus predecesores, Trump y sus socios políticos están lanzando un nuevo asalto.
En los próximos meses, la Casa Blanca completará la retirada del esfuerzo federal más significativo para frenar emisiones de efecto invernadero, iniciado durante la Administración de Obama. Ampliará sus esfuerzos para imponer las opiniones de línea dura de Trump en otras naciones, basándose en su retirada del acuerdo de París y su reciente negativa a firmar se ha comunicado para proteger a la región ártica que se está derritiendo rápidamente.
Y, en lo que podría ser la acción más efectiva hasta ahora, su Administración buscará socavar la propia ciencia en la que se basa la política frente al cambio climático.
Trump entró en funciones viendo a instituciones como la Agencia de Protección Ambiental como bastiones de lo que llama un “estado profundo”, y su desprecio por su trabajo en el tema es un factor en el intento por forzarlas a abandonar aspectos clave de la metodología que usan para intentar entender las causas y consecuencias de un planeta que se calienta peligrosamente.

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Como resultado, partes del Gobierno federal no van a cumplir con lo que los científicos dicen es una de las tareas más urgentes de los estudios de ciencia climática: reportar los efectos futuros de un planeta en rápido calentamiento y presentar una imagen de cómo podría verse la Tierra para el final del siglo si la economía global continúa emitiendo dióxido de carbono a partir de la combustión de combustibles fósiles.
El objetivo principal del Gobierno ha sido la Evaluación Nacional del Clima producida por un grupo de trabajo interinstitucional aproximadamente cada cuatro años desde el año 2000. Los científicos del Gobierno utilizaron modelos generados por computadora en su informe más reciente para proyectar que si las emisiones de combustibles fósiles continuaban sin control, la atmósfera de la Tierra podría calentarse hasta 8 grados Fahrenheit a finales de siglo.
Eso conduciría a niveles drásticamente más altos, tormentas y sequías más devastadoras, fallas en los cultivos, pérdidas de comida y severas consecuencias a la salud.
El trabajo en el próximo informe, que se espera sea publicado en 2021 o 2022, ya ha comenzado. Pero a partir de ahora, dijeron los funcionarios, tales proyecciones del peor de los escenarios no se incluirán en la Evaluación Nacional del Clima o en algunos otros informes científicos producidos por el Gobierno.

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