Se llama Didymos y aunque su nombre no debería de inquietar a nadie no deja de sonar últimamente por los pasillos de la NASA y la ESA

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El asteroide se asomará ‘cerca’ de la Tierra en el año 2022: pasará a unos 11 millones de kilómetros, sin tocarnos. Pero ante la posibilidad de que otros cuerpos celestes sí lo hagan en el futuro, ambas agencias espaciales trabajan ya en una misión conjunta que tiene un objetivo: desviar la trayectoria de Didymos.

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El proyecto ha sido denominado AIDA (Evaluación de la desviación por impacto de asteroides) y tiene dos partes, una de la que se encargará la NASA (misión DART) y otra que será cometido de la ESA (misión Hera). La segunda depende de la primera, por lo que los estadounidenses mueven ficha antes: en julio de 2021, EEUU lanzará un satélite cuya misión será la de impactar contra Didymos, un asteroide doble que tiene dos cuerpos de 750 y 170 metros de diámetro, respectivamente. La explosión se dirigirá contra el pequeño, que orbita alrededor del grande; y el objetivo último es conseguir que este se desvíe

La elección de Didymos no es casual. El asteroide será el conejillo de indias con el que probar la tecnología terrícola porque reúne ciertas características, como que pasará cerca de la Tierra en 2022, que se trata de un asteroide doble y que una vez llevado a cabo DART, en caso de error o cancelación de la misión europea, el asteroide podrá seguir siendo analizado desde la Tierra. Este supuesto afectaría negativamente a la hora de estudiar la nueva órbita, por lo que el volumen de información retornada sería menor y las comunicaciones con nuestro planeta, más lentas.

284 millones de dólares contra una roca

La explosión se producirá a unos 6 kilómetros por segundo entre septiembre y octubre de 2022 contra el cuerpo pequeño, ya que “al tener menos masa, es más fácil de desviar”, dice Juan Luis Cano, responsable de las Operaciones del Centro de Coordinación de Cuerpos Cercanos a la Tierra, perteneciente a la ESA. El ingeniero explica que ese “cambio en su velocidad” repercutirá directamente en la órbita que hace “alrededor del cuerpo primario”, que se reducirá en varios minutos. La explosión y todo lo que pase después será visible desde los observatorios de la Tierra.

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El satélite estadounidense no irá cargado de explosivos sino que será la propia energía cinética del impacto la que causará la detonación. El “impactador cinético”, como se refiere Cano a la nave de la NASA, va equipado con la última tecnología: motores de propulsión eléctrica, equipos de comunicaciones, paneles solares, cámaras ópticas ultrapotentes para divisar bien a Didymos cuando esté aproximándose, etcétera.

En total, el proyecto le costará a EEUU 284 millones de dólares (257,9 millones de euros) que terminarán estampados contra una roca: “Evidentemente el impacto acabará con el satélite. Pero su objetivo es ese: impactar y producir una desviación en la trayectoria del [cuerpo] secundario”, continúa Cano. A partir de aquí, será el turno de los europeos.

Se llama Didymos y aunque su nombre no debería de inquietar a nadie no deja de sonar últimamente por los pasillos de la NASA y la ESA

Dos años después de la explosión, la ESA lanzará la misión Hera. Será mucho menos espectacular que la estadounidense pero sí más cara. Los países miembros aportarán a la Agencia Espacial Europea un total de 300 millones de euros para lanzar, en octubre de 2024, otro satélite hasta Didymos. Su objetivo será el de orbitar alrededor del asteroide, “hacer el estudio de los resultados del impacto para entender en toda su magnitud las consecuencias del impacto”, según el ingeniero.

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La misión Hera aún no está aprobada, a diferencia de la estadounidense. Será el próximo noviembre en Sevilla cuando los ministros de la ESA digan sí o no al proyecto europeo. Esta es la segunda ronda de financiación que encara Hera: la primera, hace dos años y en la que ni siquiera se llamaba así (AIM fue su nombre anterior) “no consiguió el suficiente apoyo y hubo que retrasar todos los planes”, señala el ingeniero, que concluye: “Llevamos trabajando en este tipo de misiones desde hace 15 años, digamos que esta es la continuación de todos aquellos esfuerzos que no se vieron finalmente aprobados en el pasado. Gracias a AIDA la humanidad estará en posición de defenderse frente al riesgo cierto que suponen los asteroides”.